Evitás alimentos duros o masticás de un solo lado. Comer dejó de ser placentero.
Se mueve, te lastima o sentís inseguridad al hablar y comer en público.
Tapás tu boca al reír o evitás fotos. La inseguridad se volvió parte de tu día.
Después de la primera pieza, el problema puede empeorar si no se trata a tiempo.